Comentarios de Jac Avila sobre el 2do Festival Internacional de Cine y Video GLBT.
Tuve el honor de haber sido invitado a ser parte del jurado de la segunda edición del Festival Internacional de Cine y Video GLBT. (Gay, Lésbico, Bisexual, Transexual) y de esa forma contribuir al evento. Junto conmigo estaba mi compañera y también directora de cine Amy Hesketh (EUA). Otros jurados fueron Paris Galan, presidente de la Federación GLBT y M. Eugenia Torrico representando a ADESPROC
Durante la apertura del festival pudimos ver las primeras películas y desde ese momento ya teníamos una idea de la calidad y variedad del cine a verse.
Entre las 40 películas exhibidas pudimos apreciar la dedicación, el talento, el coraje, la creatividad y hasta el sentido del humor de cineastas de diferentes partes del mundo, que optaron por un tema que los une sin hacerlos homogéneos. De éstas 40 películas 14 estaban en competencia y de entre éstas 14 era nuestra tarea la de escoger a 4.
Para un cineasta el juzgar el trabajo de los colegas siempre es difícil. No es una tarea que uno la asume con ligereza. Quizás los críticos o el publico en general tienen la facilidad de criticar u opinar sin sentir ni conocer la presión que un cineasta tiene. Después de todo “No juzguen sino quieren ser juzgados” se aplica a cualquier gremio.
Sin embargo siempre se nos llama a juzgarnos los unos a los otros. Los que premian en los Oscar son los colegas. Actores eligen al mejor actor, directores al mejor director, etc.
Pero ahí estábamos, dispuestos a apoyar al festival, a dar nuestra opinión profesional y escoger de entre los participantes a las mejores películas para las tres diferentes categorías: mejor corto, mejor documental y mejor largometraje, además de la opción de otorgar una mención especial a cualquier película merecedora de cualquier genero.
También pudimos apreciar el interés del público, el esfuerzo de los organizadores y el trato de la Cinemateca al evento.
Es grato decir que había publico, pero debería haber más interés. Esto es algo que se puede lograr con más publicidad. Pero hay esas barreras que tienden a imponerse, no necesariamente la competencia del cine comercial, sino talvez la falta de difusión, especialmente de los medios que no cubren los eventos culturales como podrían o deberían hacerlo, especialmente aquellos que parecen eventos marginales.
El esfuerzo, la iniciativa, el coraje de los organizadores, muy particularmente de Diego Torres y Coca Guerrero fue lo que logró que este festival se realice. Esto es algo que se tiene que apreciar, aplaudir y apoyar. Con un presupuesto que no alcanzaría ni para las propinas de los festivales internacionales en cualquier parte del mundo, Diego se las ingenió para armar un festival digno de cualquier lugar, incluyendo las estatuillas “BESO GLBT” que fueron presentadas en la clausura.
La Cinemateca, por otro lado, existe para éste fin, el de traer a La Paz eventos de esta naturaleza, pero tiene una actitud dividida. Como dijo Diego, el olor a las pipocas invade el ambiente.
La misión de la Cinemateca, a mi entender, es dar un espacio al cine boliviano, al independiente y a lo mejor del cine internacional, en otras palabras, al cine que no entra con facilidad al circuito de distribución comercial. En la cola de éstas prioridades estaría el cine comercial, aquél que ofrecen con repetitiva regularidad las otras salas de cine de la ciudad. Sin embargo y según los que administran la Cinemateca, lo que cubre los gastos y permite la exhibición de ese cine alternativo es, irónicamente, el cine comercial. Eso explicaría entonces porqué hay cuatro o cinco presentaciones diarias de Harry Potter y dos, en horarios casi imposibles, de Hospital Obrero, la película boliviana en cartelera al escribir ésta nota. Y porque cada película del festival tuvo una sola proyección.
Estas son simplemente observaciones personales y si de alguna manera contribuyen a mejorar las condiciones en las que se muestra el cine boliviano, independiente, internacional en la Cinemateca, bien, si no, bien igual. Lo dicho queda dicho.
Al finalizar el festival y después de una votación y discusión entre los del jurado, llegamos a una decisión final:
El mejor documental
El “BESO GLBT” al mejor documental fue otorgado a Campillo, si quiero, película española de Andrés Rubio.

Campillo, si quiero
Nos cuenta una historia de una manera sencilla y clara, sobre un tema de gran importancia, el matrimonio entre personas del mismo sexo, con una estética que valoriza el tema y nos acerca a los personajes, especialmente al protagonista, el alcalde de Campillo de ranas y al pueblo mismo.
La película alterna escenas de la vida del pueblo, las ovejas, el campo, las plantas, una misa, una familia, en fin, la vida tranquila de un pueblo pequeño y remoto en España, con las parejas que llegan de diferentes partes del mundo para casarse, algunos llegan con sus familias, las que incluyen niños, abuelos, en fin familias completas y por supuesto amigos. Una muestra de apoyo a parejas del mismo sexo que han decidido casarse, han decidido decir Si quiero a la pregunta del alcalde de Campillo, éste rincón apartado del planeta donde su alcalde dijo… Yo los caso, cuando ningún otro se atrevía.
La película muestra como un pequeño pueblo puede dar ejemplo al mundo entero.
El mejor corto
El “BESO GLBT” al mejor corto fue entregado a La Espinita. Película Euskadi de la directora Tania Arriaga-Azcarate.

Una historia muy bien contada, excelentes actuaciones, un guión inteligente, un montaje limpio, y el hecho de que parte de los diálogos no estaban en español (están en Francés y Euskadi) pero se los comprende, dice mucho de lo bien que está contada la historia.
Una mujer luego de comprar un pescado, acude a una cita con su doctora quién le dice que el malestar que tiene se debe a una espinita clavada en el corazón. Con ese diagnosis la joven y simpática doctora, le ofrece una serie de posibles soluciones.
Sin embargo la protagonista sabe a quién acudir con su problema, la vendedora de pescados.
El mejor largo
El “BESO GLBT” al mejor largo fue más difícil de decidir por diversas razones, pero al final estuvimos de acuerdo en darle a The Rasperry Reich. Una coproducción entre Canadá y Alemania, del director canadiense Bruce Labruce.

Una película atrevida, anarquista, inteligente, graciosa que nos convierte en fans de Bruce Labruce. (Ya tenemos programado comprar las camisetas que dicen “The revolution is my boyfriend”).
La historia trata sobre un grupo de aspirantes a terroristas comandadas por una mujer que considera al sexo como un acto revolucionario y cree que no hay revolución sexual sin la liberación del sexo homosexual.
De la protagonista emanan los interminables discursos panfletarios de otras épocas. Afiches y fotos del Che Guevara cubren las paredes, textos corren por la pantalla, sobrepuestas a escenas de actos sexuales explícitos.
Los aspirantes a terroristas modelan su estrategia en las brigadas rojas de los sesenta y en el Symbionese Liberation Army, que tuvo su trágico momento en los 70 en California.
Como el SLA, los revolucionarios gay, buscan raptar a su propia Patty Hearst, y eligen a Patrick, hijo de un magnate Alemán. Clyde, uno de los terroristas, se enamora de su víctima.
Alrededor de esa premisa, Bruce Labruce teje un tapiz exuberante, exageradamente panfletario, surrealista, nihilista y pornográfico.
Por esos y muchos motivos le damos el premio como la película mas sobresaliente del festival.
Mensión especial
Pero no pudimos dejar de lado a Dos Miradas. Película también española, filmada en el desierto de Atacama en Chile, del director Sergio Candel)
Una película que ha tomado riesgos en su puesta en escena al hacer uso de planos secuencias en muchas de sus escenas importantes.
Dos miradas nos cuenta el conflicto de dos muchachas, una que quiere una relación y la otra que está entre irse o quedarse. No está segura de su orientación sexual.
Con naturalidad, con humor, con el ritmo de la acción en manos de las dos actrices, la historia se mueve dentro de los confines auto impuestos por los personajes a pesar de que tienen todo el desierto de Atacama a su alrededor.
Un guión sólido, unas actuaciones sobresalientes, una dirección precisa y una buena fotografía hacen de Dos Miradas merecedora de la mención especial del jurado.
Con éstas decisiones se dio por clausurado el festival y quedó en claro que una tercera edición ya está en planificación.
Damos pues a Diego nuestros mejores deseos de que así sea, que el 2010 podamos ver que nos ofrece una tercera edición de un festival necesario, importante y vital en la vida cultural de La Paz, de Bolivia y del sur de América.