Krik? Krak! Relatos de una pesadilla – Capítulo 2010

Krik? Krak! Tales of a Nightmare
Krik? dice la raconteur. Krak! responderían los 80 niños haitianos, flamantes huerfanos todos, en ruta a Miami; pero no llegarán como otros miles de haitianos que cruzaron en frágiles botes los traicioneros mares del Caribe para llegar a las costas norteamericanas en busca de un sueño que de fín con la pesadilla, muchos quedandose en el fondo del mar. Estos niños ván en avión y serán adoptados por personas que se han conmovido ante una tragedia humana. Dejan detrás más de 200.000 de sus compatriotas y otros muertos bajo los escombros de una ciudad que ha dejado de existir. Tambien dejan toda una historia de dolor que parece no tener final, una historia que de pronto aflora de entre las entrañas de un planeta que decidió reacomodar sus platos tectónicos.
Krik? dice la raconteur. Krak! respondería el houngoun que rocía la tierra con ron para llamar a los gede, espiritus de los muertos, para que le confirmen si fueron algunos espíritus enojados los causantes de tánta desolación en su querida isla paraíso para algunos, isla infierno para los más, isla tragedia para todos. Del otro lado del mar, un evangelista de los extremos, declara al mundo que es Dios el que decidió castigar a los haitianos por culpa de esos esclavos rebeldes que un día, hacen más de 200 años, celebraron una ceremonia voodoo, la ceremonia de Bois Caiman, donde juraron romper sus cadenas o morir. Unas mujeres cantan “Kem kontan Jesus renmem, aleluya,” (Soy feliz porque Jesus me ama, aleluya) en medio de cadaveres y niños aterrados.
Krik? dice la raconteur, su pipa de bambú en los labios, la niña que le enciende el tabaco con un ramito encendido, el resto de los niños sentados alrededor de la anciana, esperando oir una vez más la historia del lobo blanco que un día invadió su aldea. El pescador tira la red al mar para atrapar la comida, el Bocor los observa de lejos convencido que el mundo es gobernado por la mágia, la tarántula camina entre los arbustos, viven todos la pesadilla que no termina, la pesadilla de Haití.
Krik? dice la raconteur. Krak! respondería la mujer que calienta sus galletas de barro, porque no hay otra cosa para comer que la tierra a su alrededor. No será alimento para sus niños, pero les quitará su hambre y ya están acostumbrados. Su mirada perdida más allá del palacio de Port Au Prince, símbolo lujoso de un absurdo que ya no le ofende porque ahora está hecho escombros.
Krik? dice la raconteur pero nadie le responde, la escuela se ha desmoronado con gran estruendo, atrapando a todos bajo el peso de cemento y madera. El sol de enero no es tan caliente y a esos niños silenciosos y enterrados ya no volverá a calentarlos, el llanto de los sobrevivientes vence al viento, un lamento profundo que acompaña el escarbar de sus manos tratando desesperadamente de romper montañas de concreto.
Krik? dice la raconteur mirando la cielo, buscando a los loas para que le respondan pero en los cielos no hay nadie, solo el sonido lejano de los helicopteros que se acercan. Ayuden!, dicen unos en pantallas de televisión en lugares lejanos, antes mucho mas lejanos, invasores! claman otros desde más lejos, mientras que unos doctores franceses frustrados de no encontrar un camino, se resignan a tomar un bote que los lleve a la zona del desastre. Doctores cubanos enyesan a una mujer mientras que marines norteamericanos rescatan a una anciana que sobrevivió 12 días bajo tierra, sin comer ni beber, o quizás se alimentó del barro que la cubría.
Krik?, dice la raconteur. Krak!, responde el mundo que parece escucharla, porque su voz tiene el eco de millones enfrentando el sufrimiento apocalíptico, un capítulo más en la larga pesadilla del pueblo Haitiano.